“La fiscalidad es clave para el carácter y el funcionamiento del Estado, la economía y la sociedad en su conjunto”.
– Salomón Picciotto1
Antes de facilitar cualquier sesión relacionada con los impuestos, es importante asegurar una comprensión común de los mismos. Los impuestos se han descrito como el precio que se paga por tener un gobierno, pagado por cualquiera que se beneficie de la existencia del Estado y de los servicios públicos que proporciona. La definición formal de un impuesto es “una contribución obligatoria impuesta a las personas, físicas o jurídicas, que se hace a las autoridades públicas con el fin de generar ingresos que ayuden a sufragar los gastos derivados de la concesión de beneficios comunes a los residentes del Estado2“. En términos más sencillos, un impuesto es obligatorio, aumenta los ingresos del gobierno, se aplica a los incorporados, es decir, tanto a las personas como a las empresas3, y se utiliza para compensar algunos de los costes en los que incurren los gobiernos en el proceso de prestación de servicios públicos a su población. Los impuestos son un elemento central de lo que se conoce como política fiscal, o política gubernamental relativa, en particular, a los ingresos públicos y los impuestos.
Aunque se trata de un pago de una parte a otra, el impuesto difiere de una transacción normal, ya que no se paga con la expectativa de que se entregue un producto específico en el momento del pago, del modo en que podemos intercambiar dinero por comida o ropa. En otras palabras, en el caso de un impuesto no hay quid pro quo (devolución directa). En cambio, los impuestos se pagan a las autoridades y son ellas, junto con los ayuntamientos, etc. (dependiendo de la estructura de toma de decisiones de las instituciones públicas del país) las que deciden en última instancia (con mayor o menor participación de la población y respondiendo a ella) a qué deben destinarse los ingresos fiscales y cómo deben repartirse entre los servicios.
Sin embargo, algunos sostienen que los impuestos son una forma de que los gobiernos priven a los ciudadanos de su dinero duramente ganado. La escuela neoclásica sería de este enfoque, argumentando que los bajos tipos impositivos permiten que el sector privado florezca4. Este análisis de los impuestos ignora el razonamiento que subyace a los sistemas fiscales, a saber, que su existencia apoya el cumplimiento de los derechos económicos, sociales y humanos. El marco jurídico de los derechos humanos establece que los requisitos mínimos necesarios para el cumplimiento de los derechos económicos y sociales incluyen la provisión de alimentos suficientes, atención sanitaria primaria esencial, alojamiento y vivienda básicos, y las formas más básicas de educación5. Los impuestos son cruciales para garantizar el cumplimiento de estos derechos.
